miércoles, 17 de agosto de 2016

SER


Desde aquellos ojos que esparcían chispas de una ira incomprensible, 
desde aquellos puntazos que hirieron su piel con desmerecidas palabras, 
un manto de ceguera que parecía permanente cayó al suelo y vislumbró una frontera indómita. 
Las hojas se desplegaron para dar paso al paisaje frío del invierno con un horno de barro al fondo. 
Aquella alma quejumbrosa por las recientes heridas dejó que el cobijo  sanador de su espíritu fuera eso que siempre forjó para que sea y que nunca debió ser. 
Distancia.
Nada que deba ser forzado resulta puro, complaciente y genuino. 
Todo lo que nace del corazón y se desea en carne y espíritu es alimento para el ser y recíprocamente se multiplica en el devenir de los otros, con los Otros. 
Lo indómito espera en esa planicie de esperanza y curiosidad, elementos de la naturaleza humana que hacen posible el ser; la búsqueda, la permanente curiosidad, diamante sin precio, que construye lo no limitado, más allá de las estructuras.
Lo imposible se hace posible y florecen libélulas de los plateados erguidos que enaltecen la figura de la planicie salvaje; y en un susurro visual,  el viento arenga correr la pradera, recorrer las cascadas, reflejarse en la cristalina, mirarse a los ojos, descubrirse sana, de pie, fuerte, única, libre y valiente.
Desde aquellos ojos, desde aquellos puntazos dejó de existir en lo establecido 
y comenzó a Ser en lo inesperado. 


                                                             

1 comentario:

el oso dijo...

Y es, mi querida... Es tanto...!!
Besos